Foto: E.TC

lunes, 18 de octubre de 2010

Un domingo bendito

Los domingos siempre me deparan alguna sorpresa, para bien o para mal... Los domingos no son solo un día donde mis depresiones muestran sus fauces y huyo huyo huyo...
Ayer mientras huía de alguna locura que siempre termina mordiendo mis talones, compre un librito. Un autor que nunca había leído antes, y que sólo había escuchado referencias...
Lo que agradezco a la vida, es que aún no he perdido mi inocencia, esos momentos donde doy brincos cuando algo me emociona, cuando algo me conmueve, cuando algo me ayuda a escapar de esa locura que ya está trepando por mis pantorrillas... Y entonces ese niño que aún llevo adentro termina maravillandome por algo o indignandome por otras cosas... Brinco. Brinco. Brinco Y recuerdo los años cuando me pelaba las rodillas mientras aprendía a saltar soga; esa es mi relación con la poesía que siempre termina golpenadome... digo la buena poesía es la golpea...
Salvatore Quasimodo. No sé si alguno de los cuatro gatos que leen este blog lo han leído... Yo me he quedado maravillado con su poesía...(lo leí anoche) copio dos poemas , sólo dos de los mucho que me desgarraon, aquí y adjunto una pagina que tiene la traducciones del mismo traductor de librito que tengo.

Carta a la madre


"Mater dulcíssima, ahora se levantan la nubes,
el Navío topa confusamente contra los diques,
los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;
no estoy triste en el Norte; no estoy en paz
conmigo mismo, pero no espero
el perdón de ninguno; muchos me deben lágrimas
de hombre a hombre. Sé que no estás bien, que vives
como todas la madres de los poetas, pobre
y según la medida de amor
por los hijos lejanos. Hoy, soy yo
quien te escribe" .Finalmente, dirás dos palabras
sobre aquel muchacho que huyó de noche con su chaquetilla
y algunos versos en el bolsillo. Pobre, tan impetuoso
lo matarán algún día en algún lugar.
"Cierto, recuerdo, fue en aquella escalerilla gris
de los lentos trenes que llevaban almendras y naranjas
a la boca del Imera, el río lleno de urracas,
de sal de eucaliptus. Pero ahora te agradezco,
-sólo esto quiero- con la misma ironía que pusiste
en mis labios, igual a la tuya.


Esa sonrisa me ha salvado de llantos y dolores.
No importa si ahora tengo alguna lágrima por ti,
por todos aquellos, que como tú esperan
y no saben qué. Ah, amable muerte,
no toquéis el reloj de cocina que golpea en el muro:
toda mi infancia ha pasado en el esmalte
de su esfera, en sus flores pintados;
no toquéis las manos, el corazón de los viejos
es, Pero tal vez alguno responde. Ah, muerte piadosa,
muerte pudorosa,
Adiós, amada adiós dulcíssima mater".


La tierra incomparable



Hace tiempo que te debo palabras de amor:
o tal vez sean las que cada día
huyen deprisa apenas pronunciadas
y la memoria las teme, que transforma
los signos inevitables en diálogo
enemigo enconado del alma. Tal vez
el rumor de la mente no deja oír
mis palabras de amor o el miedo
al eco arbitrario que desenfoca
la imagen más débil de un sonido
afectuoso: o tocan la invisible
ironía, su naturaleza de hoz
o mi vida ya cercada, amor .
O tal vez sea el color que las deslumbra
si chocan con la luz
del tiempo que vendrá a ti cuando el mío
no pueda ya llamar amor oscuro
amor ya llorando
la belleza, la ruptura impetuosa
con la tierra incomparable, amor.


aquí hay más poemas de El, en serio les recomiendo, es buenisímo...
http://amediavoz.com/quasimodo.htm#La%20tierra%20incomparable