Foto: E.TC

sábado 23 de octubre de 2010

Starscream maestro y guia

Calzón Mocho fue el primer vecino en tener su televisor, corría el año 81, esa época tenía tres años, tengo recuerdos vagos, y a veces se vuelven nítidos porque lo sueño (en realidad hace mucho que no sueño mis épocas) Fue el primer vecino, pero ya la cooperativa azucarera a cada anexo le había dado un televisor, sólo que este tenía un horario determinado, el tele de Calzón Mocho, era un peón del entretenimiento, comenzaba su función a las once de la mañana y acababa a las ocho de la noche, generalmente esa hora se apagaba porque el de la cooperativa comenzaba a funcionar y era gratis, no había que pagar un centavo o un sol, no recuerdo la moneda de esa fecha. Estaba al aire libre, sobre una pared de tres metros dentro de una cabina de la misma pared. La gente ya sabía que en la noche la función era gratis y todos, salían a tropel de la casa de Calzón Mocho y corrían ganar lugar en el de la “Oficina” (así se llamaba el lugar donde estaba el tele. En realidad ahí estaba todo el centro “financiero” del pueblito; ahí el había una oficina donde todas las quincenas un camión que traía la plata de los trabajadores lo depositaba. También funcionaba la oficina del reparto del bono; a cada socio le tocaba dos kilos de azúcar y dos de arroz; esto dos veces por semana y una vez a la semana les daban carne de res. Estaba la Botica, y la posta médica. El doctor venía solo los lunes y viernes. Estaba el teléfono, recuerdo que para un anexo x, eran dos iradas de manizuela, tres para el anexo Y cuatro para el anexo Z, . Para nuestro anexo eran tres, era un teléfono negro que estaba debajo del muro donde estaba el televisor, dentro del muro había una caseta. El día de pago se anunciaba con tres “campanadas”. Para el bono eran tres también y para el médico dos. La “campana” era una plancha de arado sujetado a un palo entre las dos plantas de pino que bordeaban la “oficina”.
No quiero hablar de mi pueblo, siempre lo considero un lugar serio que merece un poco más de respeto y una prosa limpia, y porque quiero retratarlo con amor, y ese amor me exige compromiso con la palabra, pasión mucha pasión… Ahora mi pueblo es un fantasma, un eco triste, un canto ceremonial del vacío. En fin.
Calzón Mocho era un negociante neto, sabía que la hora punta era el mediodía, la hora de las telenovelas, es ahí que subía la tarifa; eran los ochentas y ya se había adelantado a la ley del mercado; la ley de la oferta y la demanda. Pero su visión le había fallado, cuando había puesto el televisor en la parte alta de la esquina de la casa, sobre un ropero, no calculó que el calorón que hacia recalentaba la calamina y que la calamina algún día lo haría reventar los tubos. Y reventó un día el televisor; las malas lenguas dicen que mientras Verónica Castro Lloraba en el Derecho de Nacer, el Calzón Mocho Lloraba maldiciendo al “maldito calorón” Eran como la una de la tarde, cuando todos salieron corriendo, porque pensaron que se incendia la casa, por suerte para los espectadores, lo único que se incendió fuel el televisor. Dese ahí Calzón Mocho cambió el negocio de la tele por el del trago corto. Además que ya no era rentable, porque algunos comenzaron por comprar su tele. Mi abuelo se compro el National de dos puertas y con patas. Era de 24 pulgadas. Ya estábamos a mitad de los ochentas, aún alcancé a ver La Abeja Maya. Bendito Willy. Veía lo que se podía, sólo alcanzaban a dar dos canales, por más alto que sea el Guayaquil que sostenía la antena, sólo alcanzaba a dar dos canales, más o menos claros y uno bastante borroso. Vi He- Man, Thunderctas, Los Pitufos, Marco, Ultraman que allá en el pueblo le decían Ultra siete. Pero recuerdo mucho a los Transformers. Mi generación creció con los Transformers y los de la Ciudad crecían con Gi Joe, esto lo comprobé por un primo que vivía en la ciudad y ahí todos los canales se veían muy bien, yo nunca lo pude ver completo(el canal donde lo proyectaban, era el que se veía borroso), salvo las ocasiones que mi abuela me llevaba a casa de su hermano, el papá de éste primo que era fanático de los Gi JOE. Me quedo con los Transformers en mi corazón, pero me quedo sobre todo, con el villano solitario de Starscream, el primer antihéroe que conocí…
Aquí un homenaje a mi héroe que hoy  recordaba porque cuando la angustia, el dolor, se apoderan de eso que algunos llaman alma, huyo con el niño que aun llevo en los huesos, en los ojos. Y me refugio, porque después de todo, mi inocencia es lo único que me salva de aquella cuerda que siempre se mide en mi cuello…El amor es una cosa horrenda que me espanta a los rincones de la casa, donde siempre me encuentro con ese Yo que alguna vez fui…
¿Por qué quise mucho a Starscream? No lo sé júzguenlo ustedes…

1 comentarios:

Jesús Aragón dijo...

Pos en mi pueblito de montaña, de hace 52 años, no había TV, ni electricidad, ni agua potable... ni miseria; y los 3 ó 4 vecinos que tenían radio nunca nos cobraron por oír las radionovelas. Nací en una mágica edad media del siglo XX, que a mis 12 años me llevo a la edad media citadina de Culiacán, Sinaloa (Donde sí había escuela secundaría y demás).
El shock fue inmediato. El camión tropical llegaba casi siempre al anochecer y entraba por el cinturón de miseria a la ciudad (ahí bajaban muchos hombres para ir a "la Zona roja"). Culiacán tiene los atardeceres más violentos que he visto en mi vida; para aquel niño de 12 años (y para el ser humano que hoy soy) el cielo parecía sangre a punto de coagular y el suelo retacado de un montononón de luces, como la de la tienda del más rico de mi pueblo: ¿cómo era posible que esas casas de cartón y calles enlodadas tuvieran ese privilegio¡? Y además esas luces rojas hacia donde los hombres de mi pueblo caminaban con tanta prisa; ¡y esa grandota! que tiritaba sobre sobre una antena altísima en el cerro más alto del área vieja de la ciudad: la del único canal de televisión de Culiacán: "Canal 3"


(Como el puto azar te trajo a mi Messenger ahora que decido levantarte el castigo de dejarte solito por estar de perra graciosa; lo mejor es que deje esta respuesta pal rato. Bien chingas con tus interrupciones)