Foto: E.TC

miércoles, 27 de octubre de 2010

Curioseando, vivìo el gato

La curiosidad mató al gato, dice un dicho popular, pero es un mal refrán como la mayoría de refranes, que terminan siendo una mentira, una farsa inventada por gente envidiosa. Que si madrugas Dios te ayuda, dicen, cuando es muy cierto que de tanto madrugar o dormir poco, lo primero que salta a la vista son las ojeras, que se asemejan mucho a unas tetas talla 36B...En fin ese otro tema que seguramente hablaré más adelante, cuando se desinflamen mis ojeras a punta de tomates y rodajas de pepinos...
La curiosidad no mata, hace que te enteres de la variedad de las cosas, y como de chiquito me enseñaron a ser chismoso, y andar preguntando siempre por qué, asì fue que descubrì muchas rarerzas en la vida...
Y averiguando o buscando màs poesìa por la red de un poeta boliviano(no pude encontrar un libro de él por alguna feria de libros usados) que hace un buen tiempo postee; Jaime Saenz.
Curioseando descubro cosas tristes(que no llegan a matar), por ejemplo, que Jaime Saenz trabajó en la época que Banzer fue presidente. El poeta trabajó en la embajada de EE UU, en el servicio de información. También se dice que tenía una foto vestido de soldado de la SS aleman. Pero esas son las cosas ingratas, funestas...
También hay cosas gratas en mi descubrimientos, lo que indica que la curiosidad en lugar de matar, revive, emociona, rejuvenece...Y mi gran "descubrimiento" al estilo del Negro Ferrando, es una poeta Boliviana, amiga de Saenz, y se dice que escribió un libro sobre Saenz... La autora en cuestión se llama Blanca Wiethüchter, no encontré muchos poemas, pondré lo que hay, y también copio un video donde ella lee un poema realmente hermoso...


Poema Reposo.
Entro en mi casa
y me alojo en su centro
esperando la temperatura
que enmudece los ruidos inútiles.
En un andar del silencio
comienza el mundo
en un olor a fuego
en una hoja
en un cambio de sábanas
en una gana de hacer cosas
no siempre precisas.
Ya no soy la misma
y mis pasos en la voz
resuenan más oscuros.
Otro es el sol que arde
en los crepúsculos que contemplo
viajera inmóvil
pienso
sólo quiero cuidar de lo vivo
y tener luz
para él
y mis niñas.

Poema territorial
Sólo tengo este cuerpo. Estos ojos y esta voz
Esta larga travesía de sueño cansada de morir.
Conservo el temor al atardecer.
No se comunica con nadie.
Por mi modo de andar
algo descubierto un poco esperando
cambio frecuentemente de parecer
conmigo no puedo vivir segura.
Habito un jardín de palabras
que han dejado de nombrarme
para nombrarla. No me atrevo
pero es necesario decirlo. Es un secreto.
En realidad somos dos.
Ahora debo inventar a la otra.

De "Madera viva y árbol difunto"
(epílogo)

Me he muerto a mí misma
y eso me conmueve sobremanera.
Volver a preparar mi desaparición
me consuela y me desgasta.
Pero puedo seguir la curva de mi brazo
lo que me da la medida de mi soledad
y puedo morderme el vientre de nuevo
lo que enciende el sumidero
en el que temo caer para siempre.
Amo este mi cuerpo árido
sin solicitud, con avaricia
mi negro hombro infantil
que se desplaza según el cielo
que diseña todo invierno.
(No conozco otra estación que el despojo.)
Todavía no me interrogo
sobre lo que significa para mí
esta nueva derrota en mi historia.
Me pregunto cuántas veces aún
tendré que ofrecer mi cuerpo
para cambiar de nombre
y llamarme solamente a mí
con mi claridad desamparada
y mi oculta herida sin balanza.
Me pienso a veces
con el orgullo de una estrella
y alguien en mí se mofa del algodón
con un canto de sirena entre los senos
no entiende nada de las hormigas
ni del placer de mirarse morir
matando lo harto que todavía hay en mí
de niña tierna y maternal.
Pocos son los que comprenden el fuego que se está quemando
y que puedo morir de verdad morir de verdad
sin un signo de locura.

El Desasosiego


Sería después de conocer el mar
que la niña que fui
cogió una piedra del agua.
Esa piedra
desconocida y verbal
me posee
como un sol cautivo
con un fulgor
de país largamente buscado.
Esa piedra
como un carbón por lo negro
como un carbón por lo quemante
como un carbón por la ceniza.
Esa piedra
tosca
ardua en la memoria
se hizo fuego al tacto
y fue sin saberlo
un resplandor lejano
del cristal de la muerte
el don de la vida
el árbol del camino.
¿Y existe acaso el fuego para mí?
—pregunté entonces.
Miré alrededor.
Un silencio mudo
buscándome
observando con ojos de viva luz.
Y me dio miedo
porque soy mujer, creo.
Porque no sabía quién era yo
ni quién sería
ni sabía decir, ni tampoco reír
ni cansarme
sólo percibir
el rigor de la llama
anunciando el desierto.
Esperé una señal
un signo, un sueño, un cometa
para echar a andar, me dije
sin quitar el ojo
a la locura del fuego:
esa piedra
entre mis manos.
Y era alumbrar
con un relámpago
un abismo
y era bajar
y forjar
y subir
tan sólo para poder morir
junto al fulgor de esa luz
en cautiverio.
......................

1 comentarios:

Jesús Aragón dijo...

Buena introducción y buen encuentro de tu curiosidad. Gracias por compartirla, tu sabes lo mucho que me gusta la expresión poética de las mujeres. Y por lo menos en estos más de dos meses que vuelvo a leer tu blog (por la razón que ya conoces)he aprendido a apreciar tu gusto por darnos a las poetas que conoces.
No sé si o que tan conocida sea Rosario Castellanos en Perú y Latinoamérica; Ella y Sor Juana Ines de la Cruz, son mis mas amadas poetas de México.
Me encantaría verlas en tu blog. Más a Rosario, por supuesto. Sor Juana es figura sagrada de la Literatura americana.
Aquí te va uno corto, pa que sientas todo lo que Rosario nos quería:

Linaje

Hay cierta raza de hombres
(ahora ya conozco a mis hermanos)
que llevan en el pecho como un/
agua desnuda temblando.
Que tienen manos torpes
y todo se les quiebra entre las/ manos;
que no quieren mirar para no herir
y levantan sus actos
como una estatua de ángel amoroso
y repentinamente degollado.

Raza de la ternura funesta, de Abel
resucitado.


Rosario Castellanos

sololiteratura.com